Fantasía de control
Por qué insistimos en manejar lo incontrolable
de Mag. Valentina Acosta | 13 de abril de 2026
Muchas veces creemos que, si logramos anticiparnos a todo y planificar cada detalle, podremos sentirnos tranquilos. Sin embargo, esta búsqueda constante de control suele tener el efecto contrario, más ansiedad, más frustración y una sensación persistente de agotamiento. La llamada fantasía de control parte de una idea engañosa, creer que podemos dominar situaciones que, en realidad, no dependen de nosotros. El cambio, la incertidumbre y lo inesperado forman parte de la vida, nos guste o no.
¿Cómo se manifiesta la necesidad de control?
La necesidad excesiva de control puede expresarse de distintas maneras:
- Planificación constante y dificultad para tolerar imprevistos.
- Perfeccionismo y autoexigencia elevada.
- Dificultades para delegar o confiar en otros.
- Crítica permanente hacia uno mismo y los demás.
- Malestar intenso frente a cambios o situaciones nuevas.
Cuanto más intentamos que todo sea siempre de la misma manera, más chocamos con la realidad de que no todo depende de nosotros. Este esfuerzo sostenido intensifica el estrés y la ansiedad, generando un círculo vicioso en el que el intento por evitar el malestar termina produciendo exactamente aquello que se quería evitar.
Cuando la preocupación no se detiene
Muchas personas intentan dejar de preocuparse apelando a la fuerza de voluntad, repitiéndose frases como “ya está, no pienses más en eso”. Sin embargo, la mente suele volver una y otra vez al mismo punto. La ansiedad no se apaga con exigencias internas, se calma cuando empezamos a comprender lo que nos pasa y a tratarnos con más paciencia.
La ansiedad intenta anticiparse a lo que podría salir mal y evitar el dolor. No es un error, sino una señal. El problema surge cuando permanecemos demasiado tiempo en estado de alerta, intentando controlar situaciones que no dependen de nosotros, lo que genera cansancio, tensión y miedo. Cada vez que hacemos una pausa, respiramos de forma consciente o ponemos en palabras lo que sentimos, le enseñamos a nuestro cuerpo que puede bajar la alerta sin que ocurra algo terrible.
Un ejemplo sencillo: la lluvia
Imaginemos esta situación: el pronóstico anuncia lluvia y tenemos planificada una actividad importante. ¿Qué opciones tenemos?
- No salir de casa, evitando la situación para no mojarnos.
- Salir con paraguas, planificando y protegiéndonos dentro de lo posible.
- Salir y mojarnos, aceptando que la lluvia puede ocurrir y adaptándonos a ello.
Más allá de las preferencias personales, las dos últimas opciones implican algo clave, poder seguir adelante con lo importante, ya sea controlando lo que sí está a nuestro alcance o aceptando aquello que no podemos modificar.
¿Qué pasa si dejamos de intentar controlarlo todo?
Aunque parezca contradictorio, soltar el control suele prepararnos mejor para lo inesperado. Cuando estamos menos aferrados a un resultado específico, podemos adaptarnos con mayor flexibilidad a lo que ocurra. Aceptar la incertidumbre no significa resignarse, sino comprender que no todo depende de nosotros.
Un ejercicio sencillo es imaginar tres círculos, cada uno representa un nivel distinto de control en nuestra vida cotidiana:
- Lo que puedo controlar: mis acciones, mis decisiones, la forma en que me hablo.
- Lo que puedo influir: mis vínculos, mis hábitos, mis límites.
- Lo que no puedo controlar: el clima, las reacciones de otros, el pasado, la incertidumbre.
La ansiedad suele crecer cuando colocamos casi toda nuestra energía en este último círculo. Hacemos mucho esfuerzo, pero nada cambia. Una alternativa es cambiar la pregunta: en lugar de “¿por qué me pasa esto?”, preguntarnos “¿qué necesito en este momento?”.
Algunas claves que pueden ayudar en este proceso son:
- El autoconocimiento, para identificar patrones de pensamiento y conducta.
- Aceptar la incertidumbre como parte inevitable de la vida.
- Practicar la respiración y ejercicios con los cinco sentidos para anclarnos en el presente.
- Buscar apoyo profesional cuando el control y la ansiedad interfieren con el bienestar.
Aprender a soltar no es perder el control, sino reconocer con mayor claridad qué está en nuestras manos y qué no, para dirigir la energía hacia aquello que realmente podemos cuidar. Cuando dejamos de luchar contra la incertidumbre, se abre la posibilidad de relacionarnos con la ansiedad de una manera más amable y consciente. En el Centro de Psicoterapia Di Mauro Davrieux acompañamos estos procesos, ofreciendo un espacio profesional y confidencial que permite comprender el malestar, fortalecer recursos emocionales y construir formas más saludables de afrontar la vida.
Artículo escrito por Mag. Valentina Acosta – Coordinadora Académica del Centro.
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